Philip Morris ¡Te quiero!
Febrero
22
2012
Nos hallamos ante una película a la que se puede calificar de GAY en la medida en que sus protagonistas, Steven Russell (Jim Carrey) y Philip Morris (Ewan Mc Gregor), lo son. Es, en cierto modo, una comedia romántica. No es, sin embargo, una película GAY al uso. Tampoco resulta convencional como historia de amor. La película trata más bien sobre la vida de Steven Russell, un estafador de altos vuelos que lo es para mantener el elevado tren de vida que desea para sí mismo y para su pareja. El hecho de que esta sea gay no es un recurso argumental, ni un ingrediente para convertir forzosamente la película en un filme LGTB. Ello se debe a que se trata de una historia basada en hechos reales. Y para reproducir estos hechos en la ficción, no se podía heterosexualizar a la pareja de Russell puesto que la conoció en la cárcel. A pesar de echar mano de algún que otro estereotipo, se agradece que su uso no termina convirtiendo a los personajes homosexuales en una suerte de monos de feria como suele ser tristemente habitual.
El desarrollo está plagado de saltos, pedazos de argumento cuyo hilo no es al que estamos acostumbrados, sin menoscabo de la atención del espectador. En esta película nos enfrentamos a momentos hilarantes, románticos y de acción inteligentemente enlazados para conformar la historia, que es la siguiente:
Steven Russell es un hijo adoptado que de mayor se hace policía para descubrir quién es su madre biológica. En este rol, vive como un devoto cristiano, casado con una encantadora mujer y padre de una hija a las que quiere sinceramente, pero a quien oculta su paralela vida sexual como homosexual sin complejos.
Tras un accidente, decide sincerarse y empieza a vivir abiertamente como el estereotipo de GAY. Para hacer frente a los elevados costes que conlleva vivir cual homosexual sofisticado, se convierte en un timador profesional francamente bueno, lo que le conduce a la cárcel donde conocerá a Philip, de quien se enamora hasta las trancas.
Tras numerosos e inteligentes engaños, logra que ambos salgan de la cárcel para llevar una lujosa vida juntos. Pero sus artimañas lo devolverán a prisión en numerosas ocasiones, de la que saldrá rápidamente haciendo uso de su extremado ingenio.
El final, que no revelo, contiene una modesta reivindicación contra la corrupción judicial estadounidense en la que tal vez debiera haberse hecho más hincapié.
Altamente recomendable para quien le guste reir a carcajada limpia, llorar de emoción y disfrutar del personaje en una sola sesión.
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